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Hacer daño con el dolor

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30.10.2026

Antes de que se supiera cuántas personas habían muerto en Urda, la tragedia servía de cábala electoral. No hay mejor ni más triste síntoma de que la política de nuestros días está perdiendo la humanidad.

El miércoles 28 de octubre, por la mañana, un AVE y un tren de Iryo chocaron cerca de la estación de Urda, en Toledo. Mientras los equipos de emergencia sacaban todavía a víctimas atrapadas entre los hierros y los hospitales pedían urgentes donaciones de sangre, nadie sabía todavía cuántas personas habían muerto (al final serían al menos sesenta y ocho) ni tampoco el porqué exacto. Pero ya había quien tenía la respuesta.

El primer mensaje de Santiago Abascal mezclaba el pésame con la “rabia por el abandono, la ruina y la traición”. Horas más tarde, en Santander, llamó al Gobierno “organización criminal”, proclamó que “la corrupción mata” y advirtió de que no creería ninguna de las explicaciones que se dieran sobre las causas. Mientras el resto de los partidos suspendía sus actos, Vox mantuvo los suyos y rechazó que el luto sirviera para “amordazarlo”. Esa misma tarde, en el minuto de silencio de Valladolid al que acudió Abascal se gritó “Puente, asesino”; y en el de Madrid, junto a diputados de Vox, se llamó al PSOE “partido terrorista”.

Sería cómodo quedarse ahí, pero no estaría siendo honesto. En esas mismas horas hubo también otras formaciones que exigieron responsabilidades políticas antes de saber de qué; la actividad del ministro en las redes aquel mismo día se convirtió en la diana de dardos de todos los colores ideológicos; y es fácil imaginas que en las sedes de todos los partidos se hacían cuentas: segundo gran accidente de la alta velocidad en un año, tras el de Adamuz en enero, y a un mes de las elecciones del 29 de noviembre: ¿cómo me afectará? ¿cómo reaccionarán los demás? Los cuerpos aún sin........

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