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Limón y sal: ya fue demasiado limonizar y salar a la 4T

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04.09.2026

En los últimos 10 días, he ido tres veces a Monterrey desde la Ciudad de México. He tomado vuelos comerciales de Aeroméxico —seis en total: tres de ida y tres de vuelta—. Seis veces he escuchado en los altavoces de los aviones a una mujer cantando con buen estilo algo que dice: “Yo te quiero con limón y sal. Yo te quiero tal y como estás. No hace falta cambiarte nada”.

¿En serio no hace falta cambiarle nada al galán cuyo comportamiento no es correcto? Averigüé que se trata de una composición e interpretación de Julieta Venegas, aunque me parece que la autoría la comparte con un argentino. La canción se llama Limón y sal.

Es una metáfora. El limón y la sal son complementos tradicionales en México para beber tequila y para darle sabor a muchos alimentos. Es decir, con limón y sal aceptamos sabores ácidos o agrios.

Julieta Venegas utiliza el limón y la sal como metáfora para la aceptación incondicional de la otra persona en una relación de pareja, aunque esa persona tenga —a pesar de sus virtudes— una personalidad rara, inconstante, frívola y poco comprometida.

Con limón y sal, sin idealizar a nadie y sin tener al lado a la persona perfecta, se puede construir una buena relación. Pero…

El problema radica en las dosis. Una cantidad moderada de limón y sal hace da sabor a la comida. El exceso daña la salud.

Demasiado limón erosiona el esmalte dental. El cítrico en demasía agrava el reflujo. La sal es la principal fuente de sodio, que eleva la presión arterial e incrementa el riesgo cardiovascular. Los riñones sufren cuando el sodio se consume en cantidades inadecuadas.

En nutrición —como en todas las actividades de la vida: el amor, la política, el deporte o la función empresarial— el equilibrio es clave. En dosis........

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