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Fútbol y cohesión social: lo que ocurre cuando un país mira el mismo partido

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Cuando Marruecos derrotó a Portugal en el Mundial de Catar, las fotografías que recorrieron el mundo no fueron las de los goles ni las de los festejos en el camerino. Las imágenes que permanecieron en la memoria colectiva mostraban a varios jugadores abrazando a sus madres en las tribunas. Achraf Hakimi, una de las figuras del equipo, apareció envuelto en una larga celebración con la suya; otros hicieron lo mismo. Había alegría, por supuesto, pero también una forma de gratitud y de reconocimiento que trascendía el resultado deportivo.

Durante algunas semanas, aquella selección logró algo poco frecuente. Millones de personas que nunca habían estado en Marruecos sintieron alguna cercanía con su historia. Comunidades migrantes dispersas por Europa se reconocieron en esos jugadores. Muchos africanos celebraron la posibilidad de ver a una selección del continente llegar más lejos que ninguna otra en una Copa Mundial. En buena parte del mundo árabe, el equipo fue percibido como una expresión de orgullo compartido. Lo que comenzó como una campaña deportiva terminó convirtiéndose en una experiencia de identificación colectiva que atravesó fronteras, idiomas y generaciones.

Hay algo en el fútbol que produce ese efecto. Quizás porque, a diferencia de otras formas de representación pública, sus relatos no parecen construidos desde arriba. Surgen de manera espontánea. Se alimentan de trayectorias personales, de derrotas acumuladas, de expectativas que a veces acompañan a una generación entera. Cuando eso ocurre, un equipo deja de ser únicamente un conjunto de jugadores y se transforma en una historia en la que muchos desean verse reflejados.

Algo parecido ocurrió con Croacia en Rusia 2018. Desde el punto de vista deportivo, aquella final frente a Francia fue una de las grandes sorpresas de los últimos años. Desde el punto de vista social y político, sin embargo, la historia era todavía más interesante. Apenas habían transcurrido poco más de dos décadas desde la guerra de independencia croata. Muchos de los jugadores que integraban esa selección habían crecido escuchando........

© Revista Semana