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Antioquia se respeta y le dice ‘no’ a Cepeda presidente

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25.03.2026

Resulta paradójico que Iván Cepeda, uno de los principales promotores de la paz total, calificara recientemente a Antioquia como “cuna de la parapolítica y el terrorismo de Estado”. Sus palabras parecen ignorar las críticas que recaen sobre su propio sector político. Resulta cuestionable, por ejemplo, el silencio o la postura de sus aliados frente a hechos de extrema gravedad, como el asesinato de Miguel Uribe Turbay, crimen que —según recientes confesiones ante la Fiscalía— fue cometido por la Segunda Marquetalia de Iván Márquez.

Las cifras de las pasadas elecciones son objeto de análisis: en los 137 municipios donde la MOE advirtió sobre la incidencia de grupos narcoguerrilleros, la coalición de Cepeda obtuvo más del 52 % de la votación. Es en esos mismos territorios donde operan los victimarios de figuras históricas de nuestro país.

El ataque de Cepeda a Antioquia no parece ser fortuito; para muchos, responde a su ambición presidencial. Él sabe que el departamento es el principal muro de contención contra el estatismo extremo y el populismo que promueve. Como bien han señalado el alcalde Federico Gutiérrez y el gobernador Andrés Julián Rendón: en Antioquia no nos arrodillamos ante el crimen, lo enfrentamos.

Somos un territorio de libertad, empresa privada y economía abierta que no vive de las migajas del Estado central, sino del liderazgo en exportaciones, educación y reducción de la pobreza, pese al aislamiento que intenta imponer el gobierno de Gustavo Petro.

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Ahora comprendemos por qué el señor Iván Cepeda ha insistido en estigmatizar a Antioquia bajo el rótulo de “cuna del paramilitarismo”. Si bien el departamento atravesó episodios oscuros de violencia entre los años noventa y los 2000, es imperativo aclarar que Antioquia fue, ante todo, víctima. Miles de familias fueron destruidas por la violencia, la extorsión y las masacres de diversos bandos.

Para diversos sectores de opinión, esta estigmatización selectiva podría ser una estrategia de distracción. Cepeda ha sido señalado por sus críticos de buscar cortinas de humo mediáticas para blindar su imagen frente a escándalos que sacuden al país, como la presunta responsabilidad de grupos con los que ha mantenido cercanía política en el asesinato de Miguel Uribe Turbay. Cabe recordar que los señalados por este crimen pertenecen a la Segunda Marquetalia, organización liderada por Iván Márquez, de quien se ha cuestionado el rol de Cepeda en episodios que facilitaron su salida hacia Venezuela.

Resulta legítimo cuestionar si su teoría del “entrampamiento” no fue más que un argumento para intentar evitar la extradición de cabecillas a Estados Unidos, buscando ahora desviar la atención hacia los antioqueños para mitigar el costo político de dichas posturas.

Desde Antioquia, alzamos nuestra voz con determinación: la presidencia de Iván Cepeda representa una visión que el departamento rechaza. Los hechos revelados por investigaciones periodísticas son preocupantes; apuntan a que la Segunda Marquetalia fue la autora intelectual del asesinato de Miguel Uribe Turbay, un líder que representaba la esperanza de una oposición firme.

Hoy, su muerte no puede ser vista como un hecho aislado. Debe ser el motor para que defendamos la verdad y la democracia. En la memoria colectiva persisten las dudas sobre la defensa pública que el senador ha hecho de sectores que hoy son señalados como victimarios.

El rechazo en las urnas es el camino democrático para quienes consideran que la paz total ha derivado en impunidad. Cepeda, declarado persona non grata por la Asamblea Departamental, simboliza para muchos un riesgo de mayor división y falta de justicia para la patria. ¡Antioquia y Colombia se respetan!

Antioquia se levanta para decir un ‘no’ rotundo a esa visión de país. No permitiremos que se siga estigmatizando nuestra tierra. Es inaceptable que quien pretenda señalarnos sea el mismo que ha sostenido posturas de defensa hacia quienes hoy están bajo la lupa de la justicia por el asesinato de un hijo de nuestra tierra: Miguel Uribe Turbay.

Miguel denunció con claridad que la paz total corría el riesgo de convertirse en un manto de impunidad. Antioquia es mucho más que los prejuicios de sus detractores; es un territorio de resiliencia que honra a sus mártires y exige coherencia política.


© Revista Semana