Miremos también nuestra sexualidad dañada
Recuerdo que cuando era una chavala, allá a principios de los años 80 de siglo pasado, nos explicábamos unas a otras las cosas de la sexualidad con cierta excitación nerviosa. No teníamos muchas guías. Probablemente, dependía del entorno de cada una, pero no creo que en ningún contexto las adolescentes en España gozaran entonces de información suficiente sobre el funcionamiento de su propio cuerpo y los vericuetos del placer sexual. Yo me movía entre dos mundos muy diferentes. De lunes a viernes, con mis compañeras del Sagrado Corazón de Zaragoza. Los fines de semana y las vacaciones, con mis amigas y amigos de la playa, en Calafell, en un entorno más diverso y laico. En ambos ambientes nos acercábamos a la sexualidad a tientas.
Había entonces varias ideas que se daban por ciertas. A saber: 1) los chicos tenían muchísimo más deseo sexual que nosotras; 2) había que satisfacer el deseo sexual del chico que se había excitado junto a ti porque, si no, le dolían los huevos hasta un límite insoportable; 3) para........
