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No se puede renunciar al futuro

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12.02.2026

Cuba ha estado involucrada en al menos cuatro eventos de trascendencia mundial, el primero cuando los Estados Unidos de América robaron nuestra independencia, ganada legítimamente a España en 1898. Esa guerra significó una nueva división geopolítica del mundo y fue el hecho que señaló el inicio del cambio de centro cíclico del capitalismo mundial, de Inglaterra hacia Estados Unidos.

Luego del triunfo de la Revolución en 1959, que en sí mismo fue otro evento de significación mundial, la Crisis de los Misiles nos colocó en el ojo del huracán, el cual pudo ser conjurado.

Más adelante se nos vino encima el muro de Berlín derribado y la desaparición de la URSS y ahora, hace apenas unos días, un cambio al parecer radical en Venezuela y, como era de esperar, el incremento ad infinitum de las presiones del gobierno norteamericano sobre nuestro país. Todo ello en un mundo donde las reglas de la política internacional, según todo indica, ya no funcionan más.

Tengo edad suficiente para acumular recuerdos de experiencias vividas, pero no tanta como para olvidarme de ellos. En todos estos años de vida, no recuerdo un período largo de tiempo —cinco años, por ejemplo— en que nuestro país y sus habitantes hayamos dejado de estar enfrentando situaciones bien difíciles, a veces tremendamente difíciles.

El bloqueo desde inicios de los sesenta y, mucho antes, la suspensión de la cuota azucarera; el cierre del mercado turístico estadounidense; la Ley Helms-Burton, un engendro neocolonial, se sumaron al propósito de “derrocar a Castro” y de hacer de nuestra economía una opción de alto riesgo para cualquier comerciante, inversionista o financista, motivado por “el mercado cubano”.

Es cierto que durante mucho tiempo contamos con la ayuda de la Unión Soviética, lo que nos permitió disfrutar de cierta tranquilidad en lo militar y de recursos económicos muy por encima de nuestras capacidades de adquisición real.

Lo alcanzado entonces en términos de avances en lo social solo es........

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