Ahí el Ágora: Debemos lavarnos en su sangre
Opinión.- Jesús, el Maestro, el que tiene toda la autoridad, el Sanador, manda a un hombre que padecía de ceguera, que se lavara. Tenía que lavarse los ojos después de que nuestro Señor le untara lodo con saliva en los ojos -acción de obedecer-.
El capítulo 9 de San Juan narra todo un evento divino con fuerte repercusión, como en todas las participaciones de Cristo. Aquí se nota o se puede ver que es el único caso de sanidad, referenciado en el escenario de la sociedad o, mejor dicho, de la humanidad que nace espiritualmente ciega por el pecado.
La pregunta como resultado y que le hacen al Señor si la ceguera del hombre era por su pecado personal o por los pecados de sus padres. Sin embargo, nos recuerda esta semejanza a lo ocurrido en el libro de Job, que le era (a Dios principalmente y al mismo Job) inadmisible esta manera de pensar de aquellos supuestos amigos.
No se trata de omitir que ciertamente la........
