Mejor la imagen de Lamine Yamal que mil palabras
A Lamine Yamal se la ha terminado la temporada con el Barça. La rotura del bíceps femoral le deja fuera de los seis últimos encuentros ligueros, incluido ese Clásico con tanto morbo añadido. Cuando el crack del Barça sintió la pedrada, en el momento de conseguir los tres puntos ante el Celta, supo que se había roto. Cuando camino de vestuarios se lo comunicó a Flick, se produjo la imagen que captó el fotoperiodista Manel Montilla y que ayer fue portada de Mundo Deportivo.
Al entrenador no le salieron las palabras, ni en inglés, ni en español, ni en alemán. Pero habló con un gesto: cogió de la cabeza de Lamine con las dos manos y se lo arrimó al pecho. Era complicidad, era consuelo, era pena, era comprensión del dolor y todo a la vez. Pero, al mismo tiempo, esta instantánea de premio recoge la mirada de Flick: perdida, seria, preocupada. Mira al futuro y ve un gran vacío. Algo de tristeza hay en esos ojos, pero también respeto a lo incierto. Jugar sin Lamine Yamal medio partido ante el Celta es una cosa. Tener que jugar sin él en Getafe, en Pamplona, ante el Madrid, otra. Si no ha habido recambio efectivo para Raphinha, menos lo habrá para un Lamine Yamal que condiciona todos los partidos, que es el máximo goleador y que se pone siempre el equipo a la espalda.
La solución no tiene que ser individual, sino colectiva. Un paso delante de todos. Mientras, el lamento de ayer de Lamine es claro: “Duele más de lo que puedo explicar”. El chico sufre. Pero España respira hondo. Cuando chutó el penalti, solo era jugador del Barça. Cuando se lesionó, era el ídolo de la selección. Solo les preocupaba que pudiese jugar el Mundial con la selección española. Ahora ya no les interesa su religión. Retratados.
