Puente de plata
Nada, a una víctima de Puente no le reconforta nada que venga de Puente. Ni siquiera su dimisión. Sólo su nombre ya les incomodará de por vida.
Que Rufián considere a Puente un gran ministro lo dice todo de los dos. Grandes egos para personajes tan dañinos como insignificantes. Óscar Puente ya era el niño del bautizo y el novio en la boda. Le faltaba ser el muerto en el entierro y lo consiguió.
Yo, mí, me, conmigo. "¿De cero a cien cuánto puede reconfortar a una persona que ha perdido a un padre, una madre o una pierna que yo dimita?", dijo. Nada, a una víctima de Puente no le reconforta nada que venga de Puente. Ni siquiera su dimisión. Sólo su nombre ya les incomodará de por vida.
El ministro influencer, el meministro sin alma que pasó "un calvario que no deseo a nadie" y que para sí quisieran multiplicado por mil cualquiera de las familias rotas en Adamuz o Urda, dimitió con truco final, con artificio, con lamentable protagonismo. Y tuvo tiempo para dedicatorias y agradecimientos como si le........
