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Los posibles Nietzsches

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15.01.2026

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Nietzsche alentaba esa clase de salud física que siempre puede oponerse a los despotismos políticos y a las manías religiosas: alegría e individualidad.
-Lesley ChamberlainEl problema central, cuando decimos que Nietzsche fue esto o lo otro, consiste en lograr determinar de cuál de los Nietzsches posibles estamos realmente hablando. En su ensayo sobre Dostoievski, André Gide suspiró: "¡Pobre del autor que no pueda ser resumido en una sola frase, porque no será entendido nunca!".
Lo malo con Nietzsche es que muchos creen poder resumirle en una sola frase, apoyados en esos lemas lapidarios que el propio pensador gustaba tanto de prodigar: el superhombre, el eterno retorno, el trastornamiento de los valores y, ay, la bestia rubia… Completemos lo que Gide no dijo: "¡aún más desdichado el autor al que cualquiera cree posible resumir en una sola frase, el autor empeñado de tanto en cuanto en resumirse a sí mismo en una sola frase para cerrar el balance de su obra, porque será escrupulosa y clamorosamente malentendido… hasta por quienes mejor le entienden!".
     En efecto, la dificultad que presenta Nietzsche no estriba en que sea oscuro —aunque muchas veces lo es— o perversamente contradictorio —también lo es, también lo es…— sino en que resulta imposible de aceptar. Quiero decir imposible de aceptar como un todo, en su conjunto. Y esa imposibilidad señalada se divide en otras dos, que la refuerzan: es tan imposible no darle la razón a Nietzsche alguna o varias (léase muchas) veces en cuestiones importantes como concedérsela constantemente. Aunque no hay más remedio que aceptar gran parte de lo que dice, Nietzsche sigue siendo sustancialmente inaceptable. El lector actual tiene ya elementos suficientes recibidos de las investigaciones psicológicas, antropológicas y hasta políticas posteriores a Nietzsche como para poder refrendar la rara y valerosa clarividencia del pensador, el tino vanguardista de su rabiosa modernidad declaradamente "antimoderna"; pero también cuenta con argumentos políticos y recientes experiencias históricas tan atroces como concluyentes que le vedan una adhesión global e irresponsable hacia sus tesis. En una palabra, no se puede prescindir honradamente de Nietzsche ni afiliarse completamente a él.
     Incluso los más antinietzscheanos se ponen frecuente e inadvertidamente de su lado, lo mismo que esas personas que dicen aborrecer la pintura abstracta o el arte vanguardista amueblan sus casas y eligen el diseño de los objetos cotidianos de acuerdo con esa estética supuestamente odiada. Pero también la mayoría de los nietzscheanos menos remisos votan o defienden derechos fundamentales de un modo explícitamente denostado por su mentor. Unos y otros, en último término, harían bien en recordar aquello que el propio Nietzsche escribió a Fuchs en una carta de 1888: "Es absolutamente innecesario, y ni siquiera deseable, que alguien tome partido por mí; por el contrario, una cierta dosis de curiosidad con la cautela irónica que uno presta ante una criatura extraña me parece que sería una manera incomparablemente más inteligente de considerarme". Es mérito incontrovertible de Nietzsche que nunca recomendó aceptar o rechazar nada a ojos cerrados… ni siquiera cuando se trataba de él mismo.
     Ser nietzscheano o antinietzscheano así, en bloque, como profesiones contrapuestas de fe, me parece cien años después de la muerte de Nietzsche una impostura dual, dos posiciones igualmente estériles. De ahí no puede sacarse nada, intelectualmente hablando… En todo caso podríamos decir (tal como Nietzsche nos ha enseñado) que el creerse uno mismo nietzscheano o antinietzscheano es ciertamente síntoma de algo, quizá de algo bastante grave, pero en todo caso de algo que le ocurre a quien enarbola tal síntoma, nunca a Nietzsche. La obra de éste funciona hoy como un vasto almacén, lleno de joyas difíciles y de fácil bisutería, un hangar que........

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