Pizarras quemadas
Cada inicio de septiembre, el ritual de estrenar mochilas y textos escolares intenta maquillar, con un optimismo un tanto impostado, las profundas costuras rotas de nuestro sistema educativo. Sin embargo, el regreso a las aulas ya no permite espacio para la autocomplacencia. Quienes observamos la realidad insular con una mezcla de arraigo y preocupación vislumbramos que el colapso no es una amenaza distante, sino una crisis estructural silenciosa que ya habita en los pasillos de nuestros centros de enseñanza. Los datos estadísticos recientes no hacen más que certificar lo que las familias y los docentes denuncian a pie de patio: la educación en las islas sufre de un abandono crónico, materializado en las peores ratios de la Comunidad Autónoma de Canarias.
Los análisis técnicos del Consejo Escolar de Canarias y los sucesivos informes de evaluación desnudan una estampa insostenible: grupos masificados claramente por encima de la media regional, infraestructuras obsoletas y promesas políticas que se disuelven en los presupuestos no ejecutados de la Consejería de Educación. Esta precariedad local encuentra su perfecto y trágico correlato internacional en los resultados del Informe PISA, donde Canarias se sitúa históricamente a la cola del........
