El homosexual homofóbico, por Percy Mayta-Tristán
Me costó mucho salir del clóset; recién lo hice con mi familia y mis mejores amigos a los 33 años, incluso cuando ya tenía tiempo conviviendo con mi hoy esposo. Reconocerme ante otros tomó tiempo, precisamente porque cargaba el mismo prejuicio que me rodeaba.
Cuando era adolescente, en mi barrio del Callao, solíamos hacer mofa en grupo de aquellos chicos afeminados que pasaban por nuestro parque. No faltaban las bromas, en las que tildar a alguien de "cabro" era el mayor insulto que le podías hacer. Asimismo, insinuar que el otro lo era o demostrar por qué tú no lo eras constituía un mecanismo de defensa y supervivencia ante el escarnio y la acusación, pues necesitaba demostrar que yo no pertenecía a ese grupo.
Claramente, no odiaba a los homosexuales; me reconocía como uno de ellos, pero odiaba la posibilidad de que los demás se dieran cuenta de que yo lo era. Lamentablemente, en ese proceso hacía daño a quienes eran como yo.
Cada cierto tiempo aparece una noticia que me recuerda esos tiempos. Un líder religioso obsesionado con la sexualidad, un político........
