Hay que respetar la vida privada de la presidente
El Perú necesita una mandataria concentrada en gobernar, no en responder a rumores. Hay límites que una sociedad democrática no debería cruzar. Uno de ellos es la intimidad de las personas. Y ese límite debe ser todavía más respetado cuando se trata de quien ejerce la Presidencia de la República.
La vida privada pertenece a la esfera más personal de cada ser humano. Como recuerda la Fundación Gabo al abordar los límites éticos del periodismo, la intimidad es un derecho de todas las personas y constituye una esfera que debe permanecer protegida frente a intromisiones indebidas.
Por eso resulta preocupante que determinados medios pretendan convertir aspectos de la vida personal de la presidenta Keiko Fujimori en materia de escrutinio público, más aún cuando se han difundido versiones que ella misma ha tenido que desmentir.
Y hay algo todavía más delicado: detrás de la presidente hay también dos hijas que merecen crecer y vivir al margen de las especulaciones, los rumores y el ruido interesado que pueda generarse alrededor de su madre. Los hijos de cualquier persona pública no pueden convertirse en víctimas colaterales del ejercicio del periodismo.
Una cosa es fiscalizar a una gobernante -algo indispensable en democracia- y otra, muy distinta, invadir su esfera personal, especular sobre sus relaciones o convertir versiones no comprobadas en titulares. La política no puede deshumanizar a quienes la ejercen ni arrastrar a sus familias a terrenos que nada tienen que ver con el interés público.
La presidente tiene derecho a una vida privada. Puede relacionarse con quien considere conveniente, compartir su tiempo con quien desee y preservar aquellos aspectos de su existencia que no guardan relación alguna con el ejercicio del poder.
Lo que verdaderamente debe interesarnos es cómo gobierna, qué decisiones toma, qué resultados consigue y cuál es su........
