Meta-tribu
El ser humano ha fallado como animal. A diferencia de todas las demás especies, como por ejemplo el oso que hiberna o las aves que migran por el clima, cada una ajustada a su ambiente y capaz de sobrevivir según su naturaleza, el Homo sapiens llegó al mundo mal equipado, es decir, sin garras, sin pelaje suficiente, sin instintos que basten para sostenerse.
Es un animal con columna vertebral, mamífero placentario, pero también un animal que, si hubiera estado a merced únicamente de su naturaleza e instintos, no habría conseguido sobrevivir. Y, sin embargo, aquí está. Lo que lo salvó no fue su capacidad de adaptarse —su evolución cambió de rumbo respecto a la de los demás—, sino un destello, o quizás un fallo, de su mente; a este fallo que destella lo llamamos técnica.
Desde un palo usado como prolongación de su cuerpo hasta un cohete interplanetario, la técnica es la prótesis que compensó ese fracaso animal y lo definió como animal antropotécnico. El lenguaje es otra de esas prótesis, una frontera que los demás animales no cruzan, como tampoco cruzan la invención del pasado y del futuro, ya que ellos viven un presente continuo.
Con el lenguaje aprendimos a saber quién miente y quién es leal, a vigilar al de adentro y a nombrar al de afuera, y con el tiempo aprendimos a encarnar el miedo a la muerte. La razón gestiona y transforma la técnica para prolongar la vida de la comunidad: levantó ciudades y encadenó el conocimiento en los contenedores que llamamos libros. Pero esa misma razón que construye........
