Hablemos de Libros: Tres tristes historias de Irène Nemirovsky
Lo primero que leí de Irène Nemorivsky fue La vida de Chéjov (1946), biografía sobre su paisano en la que describe cómo este médico usó la literatura para sobrevivir primero y después para trascender, de ese hombre de talento sin igual.
La vida de esta escritora se puede contar como una tragedia: salida temprana de su natal Rusia en 1919, por cuenta de la persecución bolchevique a su familia; llegada a París, donde se hizo una francesa más, pero esta nación le negó la ciudadanía en la república antisemita de Vichy; convertida al cristianismo con la idea de salvar su pellejo y el de su familia, pero no le sirvió.
Le prohibieron publicar y finalmente terminó enviada al campo de concentración de Auschwitz (Polonia), donde murió víctima de tifus en 1942. Su esposo, un banquero al que también le quitaron su trabajo, llegó también allí poco después y fue asesinado en la cámara de gas.
Sus hijas sobrevivieron gracias a la solidaridad de sus amigos y fueron ellas las que mantuvieron a salvo la gran obra de la escritora, que hemos ido conociendo poco a poco en español. Nemirovsky es una autora profunda, que planteó dramas humanos con convicción y tocando temas que muchos autores no se atreven a tocar. Ella se arriesgó cuando muchos no lo hacían y tal vez esa idea de querer retratar la sociedad de su época, porque sus novelas se pueden también leer como crónicas históricas de la sociedad de los años 20 y 30, también pudieron molestar a quienes tomaban la decisión de quién vivía y quién no. Esos tiempos que algunos se empeñan en negar, pero que están allí, en la historia para recordarnos que el horror puede venir de las sociedades más racionales.
La enemiga (1928) es el retrato de una madre no preparada para serlo y la tragedia desatada en su ausencia, la muerte de la hija menor en un accidente, por lo que la mayor nunca la perdonará y se convertirá en su némesis hasta cobrar venganza de una forma que su madre no se esperaba.
El padre cumpliendo con su deber de proveedor, con un talante dócil, incapaz de reclamar a su mujer por los dolores causados, y una hija que se pierde en la necesidad de cariño y en la idea de cobrar revancha, como sea, hasta la humillación.
Las relaciones de madre e hija son tocadas de manera cruda, se........
