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La insoportable comodidad de la hipocresía

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08.07.2026

Existe una palabra que todos pronunciamos con facilidad, pero que casi nadie soporta escuchar cuando se le devuelve como espejo: hipocresía. La usamos para señalar al político, al periodista, al empresario, al líder religioso, al activista o al vecino; rara vez para interrogarnos a nosotros mismos. Tal vez por eso sea una de las palabras más incómodas del lenguaje moral: porque no describe únicamente un defecto ajeno, sino una posibilidad permanente de la condición humana.

Su origen resulta revelador. Hipocresía proviene del griego hypókrisis, que designaba al actor del teatro clásico; aquel que interpretaba un personaje detrás de una máscara. No había entonces un juicio moral, solo una representación. Con el tiempo, especialmente en la tradición cristiana, la máscara dejó de ser un recurso teatral para convertirse en una metáfora ética: el hipócrita pasó a ser quien aparenta una virtud que no práctica. La pregunta, sin embargo, sigue siendo inquietante: ¿acaso no llevamos todos alguna máscara?

François de La Rochefoucauld dejó una de las........

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