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Europa como reto español

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06.04.2026

LaLiga: Atlético de Madrid - FC Barcelona, en imágenes. / Dani Barbeito / SPO

Decimos que cuando se cierra una puerta se entreabren otras y que cualquier fracaso puede ser el inicio de un triunfo. Aprender de los errores y tirar hacia adelante. De eso trata el comportamiento positivo ante la adversidad. De no rendirse nunca y pensar que el sol sale de nuevo cada día.

La Liga no da para más por arriba ni el Madrid tampoco en España. Veremos qué sucede en Europa, donde tiene en cuartos de la Champions un marrón frente al Bayern. A pesar de ello, nunca se debe menospreciar a los blancos en su competición fetiche, donde reinan desde sus inicios con gran holgura gracias a sus quince entorchados. Más del doble que su inmediato seguidor, el Milán, ahora en época de vacas flacas, con siete máximos títulos europeos.

El Barça, con tres cuartos de liga en el bolsillo tras su agónico triunfo en el Metropolitano frente a un mermado y animoso Atleti y el bochorno madridista en Mallorca, tiene precisamente ante los rojiblancos de Simeone su ser o no ser en Europa, también en cuartos. Será la segunda liga consecutiva con Flick, pero reiteramos que mientras no gane una Champions no adquirirá categoría de leyenda blaugrana.

Y el Atleti tiene por delante otra oportunidad para reverdecer laureles europeos metiéndose en semifinales de Champions. Y ahí, frente al Barça, a doble partido y la vuelta en casa, con la liga perdida en España y soñando con la Copa del Rey más la excelente plantilla que maneja Simeone, tampoco podemos aventurar nada por favoritos que sean los blaugranas. Podría sonar la flauta colchonera.

Tolo lo comentado es la realidad actual, pero aun siendo ciertas tales circunstancias particulares, podemos entrar en matices y detalles distintos en nuestros tres grandes porque responden a estructuras organizativas y de mando también diferentes.

En el Madrid solo hay un jefe indiscutible. El club es una gran pirámide en la que Florentino Pérez decide absolutamente todo. El fútbol es su único vicio conocido. Lo disfruta, lo sufre, lo imagina, lo comenta a los íntimos y lo ejerce desde su despacho porque el Señor no lo llamó por los caminos del césped ni de los banquillos. Afortunadamente para él, claro. Un enfermo del fútbol que ha llevado a su Madrid a las mayores cotas emulando y superando en cierta manera a don Santiago Bernabéu, el gran patrón del añejo madridismo irredento. Quien puso los cimientos y coronó la obra del mejor club del Siglo XX, según la FIFA, y el ideólogo e impulsor de la primigenia Copa de Europa.

Y tan alta responsabilidad y protagonismo llevan también a Florentino Pérez a ser el responsable de cuanto sucede en el Real Madrid. Para lo bueno, como ha ocurrido en los últimos años gloriosos, y para lo malo, que es donde se encuentran ahora los blancos. Con España perdida ya dos largos años, solo un gran triunfo en Europa esta temporada, bastante improbable, pasaría la situación de mala de solemnidad a solo preocupante.

En cualquier caso, es evidente que el Madrid precisa una refundación deportiva que tiene en la elección de un técnico ideal su gran escollo. Ser entrenador merengue con Florentino es aceptar ser un mero empleado ejecutivo que debe sacar punta a la plantilla que el presidente, con arreglo a sus entendederas, ponga en sus manos. Es decir, ni voz ni voto en la estrategia deportiva del club. Solo trabajo de bien mandado para interpretar los deseos del jefe, sin exigencias ni demasiadas ideas propias, sabiendo y aceptando que en esa estructura piramidal el entrenador solo es un trámite o un mal necesario. Lo bueno son las ideas del baranda y lo valioso, únicamente sus jugadores. ¿Siendo difícil que Arbeloa continúe, qué técnico relevante puede venir así? ¡Ay, Mou!. ¡Ay, Floren!

El Barça es quien mejor lo tiene. Hay resultados, un entrenador acreditado, una plantilla de presente y futuro y un presidente recién reelegido. Les falta Europa, sin duda, pero en España no se atisba rival. Su única amenaza es la probable cercana resolución del caso Negreira.

Respecto al Atleti, con la sombra de qué querrá la nueva propiedad americana, solo le falta ganar la Copa del Rey —factible— y llegar a semifinales de Champions —complicado— para culminar una buena temporada, aunque haya el runrún general de que Simeone podía haber sacado mayor rendimiento a la gran plantilla que Gil Marín y Mateu Alemany pusieron en sus manos.

Tres retos europeos distintos para tres rivales españoles diferentes.


© La Opinión de Murcia