¡Sonríe!
Cuando era pequeña y me enfadaba, mi padre no me dejaba vivir mi enfado en paz, ni mucho menos rebozarme en ese estado de ánimo. A poco que torciéramos el morro, nos ordenaba poner buena cara. Así tal cual.
Recuerdo cómo me molestaba, y hasta me parecía un acto de crueldad, pedirme poner buena cara cuando yo estaba a punto de entrar en órbita. Qué infeliz era yo, pobre, creyendo que mi padre lo decía por eso de tener buenos modales, o por dar buena impresión a los vecinos. Para nada. Se ve que mi padre ya conocía entonces esas teorías que ahora está demostrando Nazareth........© La Opinión de Murcia
