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Carmen: de la mar a la eternidad

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20.07.2026

La festividad de la Virgen del Carmen es una de las demostraciones de religiosidad popular más auténtica. / Álex Zea

Hoy es lunes de reflexión carmelita (y no solo de gozo futbolero jejeje). Han terminado las novenas, las procesiones se han encerrado, las imágenes de la Virgen ya están en sus altares y el eco de los vítores se ha apagado en nuestras calles y playas. Después de unos días en los que Málaga ha sido de la Virgen desde el alba hasta la noche, y en los que España ha celebrado un nuevo título mundial, quizá haya llegado el momento más oportuno para detenernos y preguntarnos qué significa realmente esta devoción para los malagueños. De comprender, valorar y ensalzar la grandeza de la Virgen del Carmen.

Málaga no se entiende sin su mar, y su mar no se entiende sin el Carmen. Desde los acantilados de Maro hasta el último rincón de Manilva, cada pueblo de nuestra costa se rinde ante la Reina de los Mares. Torremolinos, Fuengirola, Estepona, Marbella o Torre del Mar la tienen como su legítima Patrona, uniendo toda la línea del litoral bajo un mismo manto. En la capital, el epicentro se sitúa en la Iglesia del Carmen del Perchel, donde reside la imagen coronada canónicamente que congrega a miles de fieles durante todo el año, desbordando fervor en su novena y su procesión. Una fe que se ramifica con personalidad propia en las playas de Huelin, Pedregalejo o El Palo, en barriadas extremas como la de calle Jalón con el Carmen del Litoral, e incluso tierra adentro, en la solera de Campanillas o en el retirado núcleo de Olías, que emerge entre los Montes con el arraigo de un pueblo.

Sin embargo, la verdadera dimensión de la Virgen del Carmen va mucho más allá de la procesión multitudinaria o del entusiasmo de los vítores que despierta a su paso. El Carmen es una devoción que ha sabido hacerse presente en la vida cotidiana de los malagueños, desde la arena de nuestras playas........

© La Opinión de Málaga