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Desdentados

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04.09.2026

«No esperes más a nadie./Nadie te aguarda ni te busca./Fuiste el aborto de un sueño./La semilla podrida de un sueño, que nunca germinó». Con esta estrofa demoledora que castiga incluso al oído menos sensible describía el poeta León Felipe el mapa y el itinerario de la condición humana. Palabras que sabía modelar con todos sus filos y su llanto existencial el escultor, restaurador, pintor y poeta Quico Buendía madrileño, afincado en Sevilla, cuando los focos se centraban en su bello rostro adolescente y aquellas expresivas manos que imploraban comprensión y consuelo, asumiendo las máscaras del actor. Palabras con las que se hilaba la primera obra de creación colectiva del ‘Laboratorio Experimental de Teatro Grumo de Peyote’ que se mostró en un escenario y que ambos transitábamos a finales de los setenta. ¿Somos realmente semillas podridas de sueños abortados? Dan ganas de este club tan descarnado y cruel. Pero no se asusten. Hoy me propongo traerles una buena nueva, como la de los pastorcillos del belén y las del caganer. No obstante, cabe la posibilidad de que provoque la ira de muchos dentistas, sin pretenderlo, así como la indignación de un puñado de seguidores de la interpretación de la explicación científica, antes de que filósofos como Kuhn, Lakatos, Hanson, Toulmin o Feyerabend salieran a su escenario conceptual a principios de los sesenta. He aquí la buena nueva. Resulta que es bueno que se nos caigan los dientes, aunque no literalmente, sino en esos sueños que germinan y son una vía regia de acceso a lo inconsciente. Además, ya saben que esta naturaleza desdentada haría las delicias de muchos niños y niñas que quieren «hacerse mayores» por vía de urgencia y del no menos interesado Ratoncito Pérez. Perdidos los dientes, perdida la rabia y todos sus embarrados afluentes.

En la interpretación psicoanalítica tradicional se habla de dientes sin necesidad de colutorio ni de cepillos interdentales, ya desde comienzos del siglo XX y en el regazo de Freud. Un buen día, sin la alarma y la inquietud por bandera, soñamos que perdemos todos los dientes. ¡Qué horror, y yo con estos pelos! Hay que recurrir, sin más demora, a su reemplazo por los implantes, antes de que alguien pueda vernos y piense que nos dedicamos a abrir botellas con la boca. Mas el psicoanalista nos consuela: lo que hemos perdido realmente es la agresividad, la cólera y hasta la tentación de la venganza. ¡Menos mal, qué buena noticia, vive Dios! Los sueños nos sugieren soluciones y pueden llegar a agradarnos, gracias a la correcta interpretación de Don Segismundo. Yo sentí esta poderosa sensación liberadora no hace........

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