Patria sin fútbol
Están mi ciudad y la tuya engalanadas con banderas de España. Niños, jóvenes y mayores visten camisetas, bufandas, pulseras y ondean al viento la rojigualda, que no «la roja», tristísimo invento de La Sexta en aquel Mundial del 2006 en el que todos hablábamos del añorado Andrés Montes y de El Koala, el que iba a hacer un corral «pa echá guarrilla y pa echá guarrillo».
El fútbol es una pasión gratuita. No es primitiva ni tribal, como dicen los que gustan paradójicamente de tocar mucho las pelotas, pero odian el balompié. El fútbol, como la música y las fiestas populares, ayuda a la cohesión de un país, nos une y hermana en una lucha sin grandes consecuencias; un hermanamiento que disfrutamos, no tanto por los goles —que también—, sino porque apela a algo muy íntimo, al sentido último de constituir una nación,........
