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Pena, penita, pena

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03.03.2026

Que no te de pena porque esto es la leche. Una jodida maravilla. Precisamente el domingo, el día que dijiste que te dábamos pena, nosotros estábamos en plan «qué bien se está aquí; hagamos tres tiendas».

Que no te de pena, mujer, que estamos muy a gustito. La mayoría hemos llegado buscando, que es como se encuentra. O llamando. O pidiendo. La mayoría, al menos los que ya tenemos una edad, recibimos la fe de nuestros padres y abuelos. Y vimos que era bueno. Luego ya hay tantas historias como cristianos. Algunos conocen a Dios muchos años después de haber chapurreado el Jesusito de mi vida. Cuando la vida y la coronaria aprietan, sí. Y menos mal que nos dieron asideros, o que éstos salieron al paso. Pero el encuentro con lo sobrenatural no sólo acontece en el dolor y en el sufrimiento. También ante la salvaje belleza de la Creación o descubriendo hombres y mujeres entregados a causas más grandes que ellos. O experimentando cómo nos sobreponemos a una naturaleza caída con fuerzas que no son las nuestras. 

 ¿Conoces El torso arcaico de Apolo? Es un poema que Rilke escribió tras visitar el Louvre donde vio un torso griego del siglo VI a. C.  La escultura no tiene extremidades y el poeta alemán se da cuenta de que lo importa es lo que no está, lo que falta. Y nos faltan miembros. No podemos obviar el vacío. El anhelo, la búsqueda y la sed son nuestra naturaleza, la manera en la que estamos configurados. Están en cada una de nuestras mitocondrias y no piensan irse por mucho que nos empeñemos en fabricar seres humanos y meterle mano a su ADN. Somos niños abandonados en mitad de la noche que buscan a su padre. Necesitamos el valle de lágrimas, el camino escarpado, el paisaje agreste y la calle angosta que nos hacen salir de nosotros en esa búsqueda.

Podemos habitar el mundo de manera verdadera o tratar de saciarnos con la feria de vanidades, los likes, las subvenciones o cualquier otra cosa que deja el alma como un erial. El amor que tanto añoramos, la soledad, la carencia, el vacío, el miembro amputado al fin y al cabo, no es otra cosa que Dios. Llevamos una eternidad en la casa del Padre y apenas unos minutos aquí. Queremos volver; el hogar como instinto.

Sabemos de nuestro límite, y todo lo demás, lo que lo excede y lo que no, es Dios. Creemos que hemos sido salvados porque ese Dios se hizo uno de nosotros, carne exhausta, y murió en la Cruz para redimirnos. Y esto no es una alucinación colectiva desde hace dos mil años. No es el rancho de Waco. Es el hecho que parte en dos a la historia de la Humanidad. Una revolución que llama a perdonar, servir y a amar a tu enemigo. Que promete la vida eterna.

La fe te quita de la ideología y del resto de esclavitudes y te da todo lo demás. Dignidad, sentido de pertenencia, esperanza. También alas y fortaleza porque sabemos que somos amados incondicionalmente. Es la luz que no se apaga, la casa encendida donde curan todas las heridas. Si tienes fe, el mundo solo te puede quitar la vida.

Y no es sólo un sentimiento, una emoción, que diría Alejandro Sanz. La verdad no puede contradecir la Verdad. Esto es de Tomás de Aquino. Dios creó la razón y reveló la fe, por tanto razón y fe deben ser compatibles. Las investigaciones científicas no van a destruir la teología. De la soberbia de la razón, tan solo tratamos de desprendernos de la arrogancia, no del entendimiento.

Es fundamental que exista lo sagrado porque ordena el mundo. Las creencias religiosas transmitidas de generación en generación arraigan y dan identidad. Nadie queda a la deriva, desubicado, sin saber quién es. No hay otra manera de sostener comunidades políticas que reconociendo el mismo sustrato cultural y moral. De mantener cohesionados pueblos sino es a través de la misma cosmovisión. Lo explica así Unamuno y el último hermano cofrade de El Cachorro. La fe cristiana ha fundado tu civilización. ¡Y qué civilización!

La idea de una institución permanente dedicada a sanar enfermos, especialmente pobres, sin esperar pago y atendida por personal que considera esto un deber moral sagrado, es católica. También los derechos humanos universales. Vienen del concepto teológico católico de que todos los seres humanos, sin importar raza o estatus, están hechos a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, todos tienen dignidad infinita. Si ahora todo está hecho unos zorros es porque se ha intentando a toda costa —y conseguido— eliminar la matriz teológica que las sostenían.

Paraverseando a Enrique García-Máiquez, nuestro muerto más importante es un resucitado. Que no te de pena. Vamos a seguir escandalizando al siglo. Libérrimos. Creyendo en la irreverencia de la eternidad. Estamos tan a gustito aquí que cuando quieras puedes venir. Hasta el último minuto hay tiempo.


© La Gaceta