Grandeza de ánimo
Lo dice Marty Hart (Woody Harrelson) en la primera temporada de True Detective: «Hoy en día todo el mundo monta un puto drama por cualquier cosa». La frase tiene ya doce años y ha envejecido estupendamente. Estamos hasta arriba de gente sirviéndose de los dramas como credencial moral. Se conduelen del sufrimiento ajeno, ergo son mejores. O, en primera persona, exhiben heridas y reclaman que sean reconocidas para establecer sus imaginarias jerarquías morales.
En cuanto a lo de sufrir, los griegos tenían una idea bastante más exigente que la nuestra: la megalopsychía, literalmente grandeza de alma. Explica Aristóteles en Ética a Nicómaco que el magnánimo se sabe digno de cosas grandes, pero esa dignidad le impone también una determinada conducta. No gimotea por cualquier contratiempo, no necesita convertir cada agravio en acontecimiento universal y no va reclamando espectadores para sus desgracias. Los latinos heredaron esa intuición y la ensancharon: Cicerón habló de magnitudo animi, Séneca hizo de la resistencia ante la adversidad una de las pruebas fundamentales del carácter y Marco Aurelio se pasó media vida recordándose que uno no controla lo que ocurre, pero conserva alguna jurisdicción sobre lo que hace con ello. El estoicismo se ha convertido últimamente en una especie de autoayuda para ejecutivos que madrugan mucho y se duchan con agua fría: pobre destino para una filosofía seria especialmente concebida para afrontar la adversidad. Aquellos tipos hablaban de enfermedades, destierros, ruina y muerte; hoy se trata de epatar en TikTok.
Cuenta Chateaubriand en sus Memorias de ultratumba la........
