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Reforma Tributaria Integral: la reforma que el Perú no puede postergar

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09.08.2026

El Perú enfrenta nuevamente una encrucijada tributaria. En los años noventa, la reforma impulsada junto con la creación de la SUNAT permitió recuperar la capacidad fiscal del Estado, ordenar un sistema desbordado y consolidar la estabilidad macroeconómica.

Tres décadas después, el problema es distinto pero igualmente urgente: la informalidad domina la economía, los déficits fiscales se han vuelto recurrentes, cambiar la regla fiscal la norma, la recaudación depende en exceso de los precios de exportación y el Estado ha crecido con baja eficiencia y aumento de la corrupción, mientras la economía global avanza hacia la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial.

La evasión tributaria no responde solo a una falta de cultura o responsabilidad fiscal; muchas veces surge de impuestos mal diseñados, incapaces de adaptarse a la realidad económica. Por ello, la reforma debe reestructurar el sistema para ampliar la base tributaria y crear condiciones que permitan reducir las tasas de manera sostenible.

En este nuevo punto de quiebre, una Reforma Tributaria Integral ya no puede seguir postergándose: es una condición indispensable para reconstruir la confianza, reducir la informalidad, financiar servicios públicos de calidad, promover la inversión y sentar las bases de un crecimiento más formal, inclusivo y sostenible.

Esta entrega busca ofrecer una visión sobre la necesidad de una reforma tributaria integral en el Perú, entendida como un rediseño completo del sistema impositivo y de la administración tributaria. No se trata de subir tasas ni de crear nuevos tributos, sino de reconstruir el sistema desde sus cimientos: simplificar, universalizar, ampliar la base, eliminar distorsiones, modernizar la SUNAT y alinear la política tributaria con las capacidades reales de administración en un país donde la informalidad supera el 70% de la fuerza laboral.

Treinta y cinco años después: por qué el Perú debe repensar su sistema tributario

Han pasado más de 35 años desde la creación de la SUNAT y desde la última reforma tributaria profunda. En ese tiempo, la economía peruana ha cambiado radicalmente. La informalidad se ha disparado, la estructura productiva se ha fragmentado, los regímenes especiales se han multiplicado, la digitalización ha transformado la forma de producir y consumir, y han surgido nuevas actividades económicas vinculadas a la economía digital, las criptomonedas y la inteligencia artificial.

Mientras tanto, el sistema tributario peruano ha permanecido prácticamente congelado en el tiempo. La estructura de categorías del Impuesto a la Renta sigue siendo la misma, el IGV mantiene exoneraciones que datan de décadas atrás, las contribuciones a pensiones y salud continúan generando sobrecostos laborales que alimentan la informalidad, y la SUNAT opera con un modelo de gobernanza que ya no responde a las exigencias del siglo XXI.

La economía global avanza hacia sistemas tributarios más simples, universales y basados en la trazabilidad digital. Países como Estonia, Singapur, Corea del Sur y Chile han incorporado tecnologías como blockchain, facturación electrónica avanzada, inteligencia artificial para fiscalización, IVA personalizado y sistemas de impuesto negativo a la renta para promover la formalización, reducir la pobreza y tener un sistema tributario progresivo. El Perú, en cambio, sigue atrapado en un sistema tributario diseñado para una economía que ya no existe.

La informalidad laboral, que excluye a millones de contribuyentes potenciales, ha convertido al Impuesto a la Renta de Personas Naturales en un impuesto casi simbólico, que recauda apenas 2.3% del PBI. El IGV, pese a ser el impuesto más eficiente, pierde recaudación por exoneraciones, contrabando y evasión en la cadena de valor. Las contribuciones a EsSalud y ONP encarecen el empleo formal y fomentan la evasión masiva. Y la SUNAT enfrenta una carga procesal creciente, sin los recursos ni la autonomía necesarios para modernizarse y ser más eficiente.

Un sistema tributario para reducir sobrecostos, fomentar inversión y empleo formal

El Perú necesita un sistema tributario que cumpla simultáneamente tres objetivos: reducir los sobrecostos laborales, fomentar la inversión privada y promover la generación de empleo formal. Estos tres pilares son esenciales para reducir la informalidad, aumentar la productividad de la economía peruana y recuperar la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros.

Los sobrecostos laborales, derivados principalmente de las contribuciones a pensiones y salud, han convertido la formalización en un lujo que las empresas pequeñas no pueden costear. La informalidad no es una elección ideológica: es una respuesta económica racional a un sistema que penaliza la contratación formal.

La inversión privada, que representa más del 80% de la inversión total del país, se encuentra estancada. La fuga de capitales continúa en niveles elevados, la inseguridad y la incertidumbre institucional han........

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