Un país con el cielo color naranja
MADRID 25 Jul. (OTR/PRESS)
Va a cumplirse un año desde que se produjo el gran incendio en la localidad donde vivo. Todavía estamos reparando los daños, normalizando nuestras vidas, en medio de la indiferencia municipal, autonómica y central. Y no quiero citar expresamente a mi municipio, porque pienso que esa indiferencia, la falta de empatía y el retraso en todo tipo de ayudas no es algo solamente propio de mi localidad, donde, digan lo que digan, también olvidaron que los fuegos se apagan en febrero, sino que se ha convertido en un mal nacional.
Las visitas de los próceres, comenzando por el presidente del Gobierno, a las zonas afectadas, viendo, por si los abucheos, solo de lejos a las gentes que han tenido que abandonar sus hogares, que sufren la incertidumbre de si lo han perdido todo o han tenido suerte y las llamas han afectado 'solamente' al vecino, no sirven de gran cosa. Como las declaraciones de zonas catastróficas, que a veces se tratan de aprovechar para recalificar terrenos que eran rústicos y rentabilizarlos haciéndolos urbanos, y encima vociferando que se hace para paliar la escasez de vivienda.
Solamente cuando palpas, ay, de cerca, la tragedia te das cuenta........
