Todavía sabemos esperar
Esta semana hemos estado esperando que la Luna se pusiera delante del Sol. Y me ha parecido una noticia extraordinaria. No tanto por el eclipse —que también—, sino porque durante unos días hemos tenido algo para esperar. Algo pequeño, inútil, maravilloso y efímero. No nos iba nada en ello. No nos cambiaría la vida. Al día siguiente tendríamos que seguir yendo a trabajar, poniendo lavadoras y pensando qué narices cenar, pero llegaría un momento concreto del día en que miraríamos hacia arriba y pasaría algo que nos haría ilusión.
Hemos buscado gafas, hemos consultado horarios, hemos mirado desde dónde se vería mejor y hemos sufrido por las nubes. Nos hemos enviado mensajes para recordarnos que no miráramos directamente al sol, como si de repente todos fuéramos un poco astrónomos y un poco madres. Y durante unas horas había gente preguntando "¿ya ha empezado?" y saliendo al balcón, a la calle o al jardín a comprobarlo. Pero lo........
