Demasiado billete narco y demasiada base social…
Siempre he estimado a Sara Sefchovich, inclusive cuando hemos diferido de forma recia, ya fuera por razones propias o debido a causas importadas por alguno de los dos. Hace algunos años, cuando yo me la pasaba una semana sí y otra también reporteando en zonas de riesgo, esta extraordinaria académica, socióloga e historiadora por la UNAM me dijo que tenía una propuesta disruptiva para intentar disminuir la violencia del crimen organizado, sobre todo las barbaries perpetradas por el sicariato nacional, que se han extendido por todos los estados de la república mexicana, incluida Ciudad de México. Básicamente, mi querida Sara proponía que las mamás de los niños, adolescentes y jóvenes del narco se hicieran cargo de sus criaturitas. Que ellas, así como las esposas y abuelas, hablaran con sus retoños y les hicieran entender que sus atrocidades dañaban brutalmente a miles de jóvenes como ellos, además de quebrarles la vida para siempre a cientos y cientos de madres de desaparecidos que deambulaban sin fin buscando a sus hijas e hijos capturados por células de criminales.
Le dije que no funcionaría. Le expliqué que en cada pueblo de cada municipio de cada estado que había recorrido yo las mamás se beneficiaban de los dineros de los cárteles. Las mamás y las esposas y las novias y las abuelas y las hermanas y las amigas. Y todos los hombres vinculados a esas mafias, claro. Comenté que no era un asunto de género sino de lana. De billete y de construir una base social enorme y leal. Era políticamente incorrectísimo decirlo, pero era lo que mis colegas fotógrafos, camarógrafos y yo habíamos constatado a lo largo de los años, sobre todo a partir de que Felipe Calderón quiso ser general sin haber sido cabo, más que en juegos de guerra de maquinitas o televisión, diversiones bélicas de las que, me confesó él durante una entrevista en plena campaña presidencial, era fan. Súper fan. Usuario consuetudinario. Y ya sabemos cómo acabó eso.
Sara no me creyó. Escribió y en 2014 publicó un libro muy interesante: ¡Atrévete! Propuesta hereje contra la violencia en México. En resumen, el volumen va de esto: “Un análisis profundo sobre la violencia, la delincuencia y la desigualdad en México. La criminalidad crece diariamente, la guerra del narcotráfico invade poblaciones, ciudades e instituciones, la descomposición social afecta a todas las capas sociales y la impunidad es ley. Preocupada por este estado de alarma que prevalece en México, Sara Sefchovich elabora un análisis profundo sobre los orígenes, repercusiones y alcances de la delincuencia y la desigualdad social en nuestro país. Apoyada en una extensa bibliografía, explica cómo se dan los fenómenos delictivos en México (…). Analiza el comportamiento de los criminales y sus estratos sociales, así como el origen y marcos de referencia familiares para culminar con una serie de propuestas orientadas a disminuir la delincuencia, mismas que van de la necesaria atención a los jóvenes a una nueva forma de conciencia familiar, basada en dar a las madres un papel protagónico en la educación y formación de buenos ciudadanos”.
Por esas fechas, 2014, las autodefensas de Michoacán tenían ya un año echando a patadas de Michoacán al cártel de Los Caballeros Templarios. Ahí casi vivía yo. Le sugerí a Sara que fuera a ese estado, quizá a Apatzingán, algo no muy remoto y peligroso, para hablar con mujeres. No recuerdo si le di algún contacto, aunque lo más probable es que ella misma haya establecido conexiones y, si no se equivoca mi memoria, fue. Fue y constató el poder de la base social del crimen organizado. Luego, en 2020 mi amiga publicó Demasiado odio (Océano), donde plasma la monstruosidad del sicariato y sus tentáculos invencibles asentados como hidra en tantos pueblos mexicanos.
Todo este cuento que le hago, lectora-lector, viene al caso por lo que publicó EL UNIVERSAL el lunes pasado en primera plana: EL MENCHO GASTABA MILLONES EN PAGOS A SU BASE SOCIAL. “Generar una base social le costó al Cártel Jalisco Nueva Generación 2.6 millones de pesos en diciembre del año pasado, en comidas, posadas, dulces, piñatas, ayudas, cabalgatas, bandas de música, misas y flores para San Judas Tadeo en diferentes municipios de Jalisco, su principal bastión”, nos informó el colega Manuel Espino.
Pues eso, demasiado billete narco y demasiada base social. Una guerra que ya se perdió, al menos en esta generación, la generación de este siglo, con un espantoso parte de guerra de miles y miles de vidas y desapariciones de mujeres y hombres jóvenes (la mayoría) que fueron succionados por la narco cultura mexicana que se los tragó.
A ver para el 2050 cómo va esto…
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, afirmó hace dos días que, tras el abatimiento de Nemecio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el Cártel Jalisco Nueva Generación sufrió un debilitamiento en su estructura, pero advirtió que la organización criminal no ha desaparecido y continúa siendo una de las más peligrosas del país.
Pues sí, pero esa peligrosidad y su insolencia persistirá mientras no haya un profundo desmantelamiento de las redes de complicidades que permitieron que ese señor y su cártel operara con absoluta impunidad en amplios territorios del país. Y de eso, de acabar con esas estructuras corruptas, yo no he visto. Aunque claro, quizá esté ciego y me tenga que informar alguien con mayor detalle.
jp.becerra.acosta.m@gmail.com
Twitter: @jpbecerraacosta
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