Centro de memoria histórica
El sábado 28 de marzo pasado escribí una columna titulada Cartagena y la trata esclavista, en la que me referí a la trascendental decisión de la Organización de las Naciones Unidas /ONU/ al calificar la trata trasatlántica de esclavizados africanos como el más grave crimen cometido contra la humanidad. Al final del texto señalé que era hora de que el gobierno de la ciudad rindiera homenaje a las víctimas, y que un gran centro de memoria histórica con monumento, cátedra universitaria, socialización estudiantil y comunitaria permanente, entre otras cosas, debía hacerse realidad.
Tal razonamiento fue retomado por El Universal en editorial del domingo 5 del corriente abril. Luego de dar crédito al columnista, el editorialista agregó que tiene sentido evaluar tales propuestas, incluyendo el trabajo que han realizado por largo tiempo instituciones reconocidas como el Museo Santuario de San Pedro Claver, el Círculo de Obreros, el Museo Histórico de Cartagena, la Academia de la Historia de Cartagena, el Museo de la Memoria Viva /Islas del Rosario/ y la Universidad de Cartagena.
La ciudad en la que el comercio de esclavizados africanos se convirtió en un símbolo de poder y dominación por varios siglos, que ha mantenido a sus descendientes en condiciones de desigualdad hasta el presente, que debe su grandeza patrimonial a la fuerza impaga del subyugado, que armonizó su cultura con los símbolos espirituales traídos desde sus tierras por los avasallados, está en deuda con ellos.
La boca del puente, cangrejos en balde
El dolor, la afrenta, el racismo, incubados durante la Colonia, mutaron, pero están ahí, siguen vivos. Tanto Pedro Claver, que alivió sus quebrantos imposibles, como la Inquisición que los persiguió y convirtió en enemigos brujos, así como Benkos Biojó que los volvió cimarrones, y los comerciantes que reían y recibían sus pagas mientras los desgraciados lloraban, murmuraban o morían bajo el látigo implacable, hacen parte de la historia triste de Cartagena a la que le cantó Joe Arroyo, otro fruto imborrable de los esclavizados.
En diversos lugares del mundo por donde trasegaron esclavizados hay centros que resguardan su memoria: Salvador de Bahía /Brasil/, Isla de Gorée /Senegal/, Liverpool /Reino Unido/, Río de Janeiro /Brasil, Monticello /Estados Unidos/, Costa de Oro, Ghana, Bridgetown /Barbados/.
Cartagena, la principal plaza del comercio esclavista en las Nuevas Tierras, no tiene un centro de memoria histórica que recoja todo el universo de la trata. El alcalde Dumek Turbay, que quiere hacer historia, puede iniciarlo, buscar los apoyos nacionales e internacionales necesarios para hacerlo realidad. Podría estar listo en 2033, cuando Cartagena cumple 500 años de historia. Sin memoria, no hay historia.
