Unos son sapos, y otros, simples ajolotes
La CIA y el FBI ya infiltraron a la Cuarta Transformación. No solo realizan operaciones encubiertas en Sinaloa para secuestrar a un capo del narcotráfico, o en Chihuahua para desmantelar laboratorios de producción de drogas, ahora también buscan reclutar políticos para convertirlos en informantes, en delatores, en sapos, como se les conoce en el mundo del crimen, en los terrenos del hampa a aquellos que revelan información.
Pero como hasta en los sapos hay clases, aquí hay dos tipos: los sapos malos, de derecha, neoliberales y sapos buenos, sapos de bienestar. Estamos hablando de dos cosas muy diferentes.
En el primer grupo podría entrar la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugena Campos, pues en su gobierno de derecha se permitió que agentes de la CIA participaran en una operación para desmantelar un narcolaboratorio. Una vez destruido, al regresar a la capital, dos agentes de la CIA, así como el director de la Agencia Estatal de Investigación y su escolta, que viajaban juntos, perdieron la vida en un accidente. Al conocerse los hechos, el gobierno federal enfiló sus baterías contra la traidora a la patria, e incluso buscó llevar a juicio político a la gobernadora Campos. Sapa mala, muy mala y de color azul.
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