‘Manizales: la aldea, el pueblo, la ciudad’
El título de este artículo es el mismo que lleva el último libro publicado por el doctor Albeiro Valencia Llano, el más destacado historiador que tiene Caldas, un académico que ha hurgado con pasión en el pasado histórico del departamento para enseñarnos cómo se formó esta parcela de la patria, quiénes se han preocupado por su desarrollo económico y cómo fue su consolidación como espacio geográfico propenso a la actividad intelectual y, al mismo tiempo, a la creación de empresas que aportan al crecimiento industrial de Colombia. Desde su primer libro, Manizales en la dinámica colonizadora (1990), este buceador en archivos históricos que es Ph. D. en Historia de la Universidad Estatal de Lomonósov de Moscú se ha dedicado, como un Heródoto moderno, a rescatar la historia de Manizales y de Caldas.
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En Manizales: la aldea, el pueblo, la ciudad, Albeiro Valencia Llano demuestra que es un historiador avezado, de esos que, a la vez que investigan, analizan el pasado recurriendo a fuentes primarias, con métodos rigurosos para establecer la verdad tanto en los procesos fundacionales como en los de poblamiento. En este libro aborda la formación de las sociedades para explicar cómo logran consolidarse nuevos núcleos humanos y cómo se inicia la vida en comunidad después de que se levantan las primeras viviendas. Para informarse, Valencia Llano estudia a los primeros autores que escribieron sobre la fundación de Manizales, el padre Fabo de María y Luis Londoño Ospina, ganadores del concurso convocado por la Alcaldía de Manizales en 1924 para celebrar los 75 años de fundación de la ciudad.
En este libro del expresidente de la Academia Caldense de Historia se cuentan en forma amena los sucesos que en todo tiempo ha vivido Manizales, mostrando el progreso de la pequeña aldea antes de su fundación el 12 de octubre de 1849. La narración se inicia con la llegada a estas tierras, en 1842, procedente de Neira, de un grupo conocido con el nombre de Expedición de los Veinte. Liderados por Manuel María Grisales, Antonio Ceballos, Joaquín Arango Restrepo y Marcelino Palacio, cruzaron el río Guacaica, entraron por el sector de Morrogacho y subieron por una pendiente “hasta llegar a la Cuchilla del Salado”, y de ahí hasta el alto de Chipre. Es de anotar que en 1837 ya se había instalado por los lados del cerro Sancancio Fermin López, un colonizador que llegó de Salamina.
En sus páginas está la historia de su proyección intelectual, de su crecimiento empresarial, de su liderazgo en la producción cafetera y de su fortalecimiento industrial.
Albeiro Valencia Llano dice que hubo otro camino para llegar a lo que se llamó Manizales. Salía de Neira, seguía a Pueblo Rico, llegaba al sector conocido como La Linda y, tomando ahí la ruta anterior, ascendía hasta el alto de Chipre. Para el año de 1848, la ciudad contaba con una población de 2.793 habitantes, y “ya funcionaba el mercado semanal en la plaza principal”. Partiendo de estos pequeños hechos, en Manizales: la aldea, el pueblo, la ciudad se cuenta la historia de la capital caldense desde tres perspectivas importantes. Primero se habla de los logros para cristalizar la idea de formar una aldea. Para lograrlo, las familias que llegan con la colonización antioqueña levantan sus primeras casas de vara en tierra en sectores como La Linda, El Tablazo y Morrogacho. Para alimentarse, cultivan la tierra.
Luego se habla del pueblo. Aquí se mencionan unas calles estrechas, las primeras casas construidas alrededor de lo que hoy es el parque de Bolívar y la adjudicación del lote para construir la iglesia. Es decir, se ha avanzado en el sueño de los colonizadores de fundar un pueblo sin pensar que con los años podría convertirse en una gran ciudad. La gente criaba cerdos en sus huertas, hacía mazamorreo del oro en las quebradas, saqueaba sepulturas indígenas. No había casas de teja, sino ranchos de paja, y los cerdos “corrían libremente por las calles”. En 1853, cuatro años después de fundada la ciudad, 1.154 personas recibieron los títulos de propiedad de sus terrenos gracias a un acuerdo entre el Gobierno Nacional y la Sociedad González Salazar y Cía., que reemplazó a la Concesión Aranzazu.
Manizales: la aldea, el pueblo, la ciudad, de Albeiro Valencia Llano, es un libro que ratifica la preocupación del autor por mostrar las cosas buenas que le han pasado a la ciudad. En sus páginas está la historia de su proyección intelectual, de su crecimiento empresarial, de su liderazgo en la producción cafetera, de su fortalecimiento industrial y de su vocación universitaria. La batalla de la Esponsión, ocurrida el 28 de agosto de 1860, cuando Tomás Cipriano de Mosquera se enfrentó a las tropas del general Braulio Henao, está contada con fidelidad a los hechos, como la historia de la llegada del ferrocarril y el posterior levantamiento de los rieles. Y también los sucesos que conmocionaron a sus pobladores, como el asesinato del periodista Eudoro Galarza Ossa y el crimen de Carlina Albornoz Murcia.
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