menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El silencio donde nace la música

10 0
27.10.2026

“Artista, tu fuerza radica en la soledad; únicamente cuando estás solo te perteneces a ti mismo, pero si necesitas compañía, que sean discípulos de tu propio taller. Otra clase de compañía siempre te será perjudicial”, Leonardo da Vinci (1452-1519).

Antes de que una obra maestra llegue al mundo, hay un tiempo invisible de concentración, dudas e ideas que maduran. Leonardo da Vinci reconoció en la soledad una condición de la creación. No se trata de apartarse de los demás, sino de disponer de espacio para pensar y trabajar sin distracciones.

En la música, ese espacio se relaciona con el silencio. Una pausa intensifica una frase; el silencio también forma parte de lo que la música comunica.

Los grandes compositores convirtieron la concentración en belleza. Sus obras plantean una pregunta: ¿cómo llega una idea íntima a conmover a tantas personas?

Johann Sebastián Bach: el silencio del recogimiento

Johann Sebastián Bach (1685-1750) sabía construir música en la que cada voz tiene su lugar y, a la vez, contribuye a una unidad mayor. En El clave bien temperado, preludios y fugas exploran distintas tonalidades y desarrollan una misma idea de muchas maneras.

En El arte de la fuga, un tema pasa de una voz a otra, se transforma y reaparece con nuevas posibilidades. Escucharla es descubrir una conversación en la que cada voz aporta algo esencial. No hace falta seguir los detalles técnicos: basta con advertir cómo se buscan y construyen una forma coherente.

En sus cantatas y obras religiosas, Bach une esa disciplina con una profunda expresión de la fe. La música parece surgir de un espíritu atento al detalle y al conjunto. Su ejemplo muestra que la creación requiere paciencia: antes de que cada voz encuentre su lugar, el compositor debe escuchar interiormente las posibilidades de la obra.

Wolfgang Amadeus Mozart: el silencio que hace hablar a la música

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) poseía una capacidad extraordinaria para expresar emociones complejas con una naturalidad que parece espontánea. Una pausa o un cambio inesperado pueden decir tanto como una melodía.

En el Adagio del Concierto para piano n.º 23, el piano canta con delicadeza mientras la orquesta lo acompaña. Las frases parecen hablar sin palabras. Entre una y otra queda un espacio que permite recibir la melodía y anticipar su continuación. La emoción depende también de cómo se enlazan las notas y del tiempo que reciben.

Algo semejante sucede en el Adagio de la Gran Partita, Serenata n.º 10, K. 361. Los instrumentos de viento conversan con serenidad: una melodía encuentra respuesta y el diálogo avanza con naturalidad admirable.

En Las bodas de........

© El País