Que tan bueno fuera...
Sí, qué tan bueno fuera que, por lo menos en estos días santos, los hombres y las mujeres de bien pudieran escaparse de la depravación de los malos. Que hubiera una meditación en la que los perversos reconocieran los yerros pasados y se miraran con honradez, actuando en un futuro limpio y sano que a todos cobijara. Que los asesinos abandonaran su ruta de odio y de maldad, al igual que también lo hicieran los atracadores y los cuchilleros. Y los que gozan con el dolor ajeno, que causan con destreza y habilidad bien ejercitada.
A decir verdad, qué bueno fuera que los hombres (y mujeres) nos esforzáramos todos en pro de la paz y la justicia y en el ‘vivir sabroso’, como decía la vicepresidenta Francia Márquez, hoy un poco caída en desgracia ante los poderosos orgullo y ‘majestad’ del señor Petro.
Pero vaya, vaya que no, que eso no es posible, porque el ser humano nació, creció y sobrevive, unos por su trabajo honrado, otros por la inclinación ejercida con destreza hacia el mal, que llena de sangre y de dolor una gran parte de la historia. Como dijera Jean-Jacques Rousseau en su obra El contrato........
