La dolorosa economía de la soledad
Hace poco me enteré de que cerró el restaurante El Armadillo en Bogotá. Era un sitio entrañable para mí. Simplemente, los números no dieron. Quizá no estamos perdiendo solamente restaurantes. También estamos perdiendo algunos de los lugares donde antes ocurría algo que ninguna aplicación ha conseguido reemplazar: encontrarnos con otros.
La escena que se repite cada noche en millones de apartamentos es cada vez más sencilla. Una persona llega a su casa, pide comida desde el celular, pone una serie, compra algo que necesita, responde algunos mensajes y termina el día sin haber tenido una conversación cara a cara. No necesariamente está triste ni se siente sola. Simplemente descubrió que la tecnología le permite resolver buena parte de su vida sin tener que encontrarse con nadie. Y el negocio funciona.
Según el DANE, el 20,2%........
