Por una nueva Colombia
La victoria de Abelardo de la Espriella no fue un simple recambio de gobierno. Fue la corrección de un rumbo que Colombia había perdido. En los años recientes el país se apartó, por decisión deliberada y no por accidente de la geografía ni de la economía, de la tradición occidental que había marcado su política exterior desde mediados del siglo pasado. Se rompió con Israel, se enfrió el trato con Washington, y en su lugar se buscó compañía entre regímenes cuya vocación democrática, para decirlo con cuidado, deja mucho que desear. El costo de esa deriva no fue abstracto: se perdió capital diplomático construido durante décadas y se sembró, entre inversionistas y socios que Colombia necesita, una desconfianza que ninguna cancillería sensata cultiva a propósito.
Ahora el panorama cambia, y cambia con una claridad que contrasta con la ambigüedad de los últimos años. De la Espriella ha dejado ver su intención de recomponer los lazos con Estados Unidos, con Israel, con las economías abiertas. No lo hace solo: se suma a un arco regional que ya dejó de ser hipótesis. Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, Santiago Peña en Paraguay, José Antonio Kast, que desde........
