El villano equivocado
Tal vez lo más preocupante que nos deja el cuatrienio de Gustavo Petro es la profundización de la satanización de la iniciativa privada. Al empresario cada vez más se le mira con sospecha, al inversionista con desconfianza y al sector privado, en general, como si fuera un problema a corregir.
Uno escucha ciertos discursos y pareciera que el pan aparece solo en los supermercados, que internet brota naturalmente del espacio y que los empleos son una consecuencia espontánea del amor y la belleza colectivas. Como si la riqueza simplemente “estuviera ahí”, esperando ser repartida por decreto.
Pero alguien la crea. Y ahí empieza el problema ideológico de fondo.
Durante este gobierno se ha ido consolidando algo más profundo que una discusión tributaria o regulatoria. Hay una narrativa persistente de menosprecio hacia la iniciativa privada; no siempre explícita, pero sí constante: el empresario como villano potencial, el lucro como pecado moral, la empresa como un actor al que hay que........
