Temporales, municipios, adaptación y megarreforma
Adaptarse no es una virtud cultural, es una capacidad estatal. Requiere drenaje, relocalización, planes reguladores, catastros y municipios con equipos técnicos. Todo se paga con recursos públicos.
El temporal de julio no fue el final. El 2 de agosto, el Senapred reportó dos muertos en Panguipulli, seis mil aislados y diez alertas rojas. El balance previo sumaba trece fallecidos. Frente a esas cifras, el lenguaje no es inocente: “desastre natural” borra responsabilidades. Detrás de esa fórmula “técnica” se esconde una “política” que reparte presupuestos y muertos.
Conviene nombrar el momento: Antropoceno. La actividad humana es hoy una fuerza geológica que altera ciclos del carbono, nitrógeno y agua. El “telón de fondo estable” ya no existe. Un temporal no es una causa aislada, sino un nodo donde convergen megasequía, deforestación, urbanización de quebradas, vivienda precaria y océano más cálido. Leerlo linealmente es el error que impide adaptarse.
Chile es estructuralmente vulnerable: la Ley 21.455 reconoce que el país cumple siete de los nueve criterios de vulnerabilidad de Naciones Unidas: costas bajas, zonas áridas y semiáridas, cobertura forestal expuesta al deterioro, propensión a desastres, sequía y desertificación, contaminación atmosférica urbana y ecosistemas de montaña.
Adaptarse no es una virtud cultural, es una capacidad estatal. Requiere drenaje, relocalización, planes reguladores, catastros y municipios con equipos técnicos. Todo se paga con recursos públicos. Países Bajos destina 29.000 millones hasta 2050 a un fondo permanente; Francia planifica sobre 4 °C al 2100 con 1.560 millones en su primer año.........
