Volver a apostar por el bosque
El sector forestal merece más que pocas fichas. Tiene historia, capacidades, ventajas territoriales y la rara virtud de poder unir crecimiento, recuperación de suelos, captura de carbono, descentralización productiva y desarrollo regional.
Hay conceptos que en Chile de repente se volvieron sospechosos. “Política industrial” es una de ellos. Se les pronuncian y aparece el gesto de alarma, como si el país estuviera por volver a repartir favores o fabricar elefantes blancos. Pero conviene decirlo sin complejos. Si Chile es hoy una potencia forestal, lo es porque décadas atrás hubo una decisión pública clara y persistente de apoyar ese sector. El instrumento utilizado quedó establecido en lo que se conoció como DL 701.
Y digámoslo claro. Eso fue política industrial. Con todas sus letras. No se trata de idealizar el pasado. El DL 701 tuvo costos, omisiones y efectos que sería irresponsable minimizar. Se le ha criticado la sustitución de bosque nativo, los monocultivos, la homogeneización del paisaje, la concentración de beneficios, la insuficiente integración de pequeños propietarios y los riesgos de plantaciones extensas mal ordenadas. Muchas críticas son atendibles. Por eso, la discusión seria consiste en pensar un nuevo y moderno instrumento, ambientalmente exigente y territorialmente inteligente.
La pregunta entonces es si Chile se atreve a diseñar una política forestal para el siglo XXI.
Antes de responder, conviene despejar dos confusiones. La primera es creer que la política industrial puede hacerse mediante política comercial. Imaginar que llenando de aranceles a los productos importados renacerá la industria nacional es no entender que los aranceles encarecen insumos, provocan represalias, distorsionan precios y castigan a los........
