Un amigo capaz de acompañar nuestra soledad
Hace muchos años, durante un taller de programación neurolingüística, la facilitadora nos propuso un ejercicio que me pareció muy peculiar.
-Voy a pedirles que durante la semana busquen un espacio para estar a solas y simplemente se sienten frente a un espejo.
Permanezcan mirándose. No tienen que decir nada, solo mirarse, dijo.
A la semana siguiente, al iniciar las actividades, preguntó:
-¿Cómo se sintieron al hacer el ejercicio del espejo?
Recuerdo que alguien dijo:
-Fue muy incómodo estar frente a ese espejo. La verdad, solo pude hacerlo durante unos segundos. Comencé a criticar lo que veía y no me agradó.
-¿Qué hiciste después?, preguntó ella.
-Salí a caminar con unos amigos.
Alguien más respondió casi en automático:
-Estuve un rato mirándome en ese espejo, pero comencé a........
