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Trump forever

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06.04.2026

Desde la época en la que Napoleón Bonaparte comprendió el valor del control narrativo del poder –y en la que figuras como Joseph Fouché perfeccionaron el arte de la manipulación política– es sabido que en toda guerra, como en todo ejercicio de poder, ganar o perder es, ante todo, un problema de percepción. Trump parece atrapado en un laberinto de su propia personalidad. Día tras día insiste en que la guerra está terminada y que la acción devastadora de sus fuerzas ha dejado a Irán no solo debilitado, sino prácticamente sin capacidad de reacción.

Por eso resulta difícil de entender el contraste entre ese discurso y la realidad que sugieren otros indicios. No ya la posibilidad –difícil de verificar– de pérdidas materiales relevantes, sino la sensación de que, o bien está siendo mal informado, o bien ha terminado por convencerse de su propia narrativa. En cualquier caso, Irán, un país de más de 85 millones de habitantes y heredero de una tradición histórica que se remonta al Imperio persa, no es un actor menor. Su estructura política, dominada por el sistema de los ayatolas desde la Revolución Islámica de 1979, ha construido un régimen que combina........

© El Financiero