Mártires y verdugos
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Tenía 18 años cuando leí El poder y la gloria, de Graham Greene, y me quedó una escena indeleble. De noche, una madre lee en voz alta a sus hijos la vida de un mártir. Las niñas escuchan fascinadas. Luis, el muchacho, no. Conoce a los sacerdotes de carne y hueso, el cura whisky y el padre José, y los compara con aquel Juan de las páginas, sin una mancha. Pregunta si el cura que se alojó en su casa es santo como Juan. Ella responde que es un hombre complicado. Yo, que tenía casi la edad de Luis, me puse de su lado.
La madre teme que el muchacho se encariñe con esos curas; su marido le recuerda que son los únicos que quedan. Aprendí…
La madre teme que el muchacho se encariñe con esos curas; su marido le recuerda que son los únicos que quedan. Aprendí entonces a querer a los seres........
