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Delirio de teología experimental

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08.03.2026

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Según una antigua religión persa, aniquilada hace mil años en persecuciones genocidas contra sus integrantes, en la tierra se libra una guerra despiadada entre la luz y la oscuridad, o mejor, entre un principio benévolo y otro maligno. Sin que yo conozca sobreviviente alguno de esta secta herética, a veces tengo la sensación de asistir a lo que sus integrantes anunciaban: la batalla constante entre el Dios de la Luz y el Príncipe de las Tinieblas. Hay quienes les dan otros nombres: Padre de la Grandeza al uno y Príncipe de la Muerte al otro. Algunas religiones gnósticas también creían en seres semejantes a los arriba nombrados.

Cada uno de estos dos principios, se sostiene, no actúa en persona, sino que ambos tienen sus agentes y representantes sobre la tierra. Hay quienes llaman ángeles a los unos y demonios a los otros. Sobra decir que a los demonios los ángeles les parecen diablos, y viceversa. Eso hace más difícil que nosotros,........

© El Espectador