Del tin marín al algoritmo
Nadie se sorprende ya de que la inteligencia artificial decida qué camisa ponerse o redacte un correo en segundos. Se ha vuelto una prótesis cotidiana, casi invisible. Pero hay un umbral distinto cuando esa herramienta deja de ayudar a decidir y empieza a decidir por nosotros, sobre todo cuando está en juego el lugar que ocupará un joven en la universidad que definirá el resto de su vida profesional.
Eso fue exactamente lo que ocurrió este verano en la Universidad Nacional Autónoma de México. Por primera vez en su historia, el examen de ingreso a licenciatura se aplicó completamente en línea, y por primera vez también, la institución tuvo que enfrentar una sospecha que hasta hace poco parecía ciencia ficción: que miles de aspirantes usaron inteligencia artificial, suplantación de identidad u otros mecanismos para inflar sus resultados. En la carrera de Medicina, donde durante años el ingreso rondaba entre 70 y 80 aciertos, de pronto aparecieron cientos de aspirantes con más de 100. El rector Leonardo Lomelí Vanegas tuvo que instalar una comisión técnica de quince especialistas, y uno de sus integrantes, Eduardo Bárzana García, no tuvo empacho en llamar a las cosas por su nombre: hubo trampa. La universidad decidió........
