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Pólvora y violencia simbólica

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17.09.2026

La explosión de un depósito de material pirotécnico en un cuartel de la ciudad de El Alto, y la airada reacción de algunos vecinos que pedían justicia, exponen un síntoma infinitamente más peligroso que el propio accidente: el síntoma de una sociedad que ha extraviado la capacidad de procesar la fatalidad sin recurrir al linchamiento simbólico. La explosión del depósito en el cuartel Bolívar destruyó muros, destrozó cristales y segó vidas. La reacción inmediata del entorno social prescinde por completo del rigor analítico y la exigencia de justicia se transmuta en una cruzada ciega que demanda cabezas, culpables y expiación al margen de cualquier racionalidad técnica o jurídica.

Este mecanismo revela un síntoma estructural profundamente arraigado: la incapacidad crónica de habitar la incertidumbre democrática. Cuando el aparato estatal se percibe como inoperante, corrupto o ausente, el ciudadano herido instrumentaliza la demanda de justicia como un grito moral, independientemente de que existan culpables reales. La violencia simbólica no surge como una reacción racional individual, sino como el lenguaje dominante de colectividades huérfanas de mediaciones racionales frente a........

© El Deber