La próxima tormenta no traerá lluvia
Tras cada temporal, volvemos a hablar de árboles caídos, inundaciones, cortes de luz y, en muchas ocasiones, de tragedias que se producen debido al mal tiempo. Pero cuando la emergencia pasa, también pasa la conversación. Ése es precisamente el problema: las ciudades resilientes no se planifican después del desastre, sino antes. Y hoy, mientras todavía hablamos de lluvia, deberíamos estar preparándonos para el calor extremo, las islas de calor y los incendios que marcarán los próximos meses. No reconstruyamos, anticipemos.
De hecho, hace unas semanas, las imágenes de termómetros superando los 40°C, escuelas cerradas y fuentes públicas convertidas en refugios improvisados para escapar del calor nos sorprendían desde Europa. Francia, España, Italia y otros países enfrentaron una ola de calor que obligó a activar planes de emergencia, modificar la vida cotidiana y recordar -nuevamente- que el cambio climático dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad.
Desde Chile es fácil mirar esa situación con distancia, sobre todo en estos días de invierno. Sin embargo, sería un error pensar que se trata de un fenómeno ajeno. Santiago conoce cada vez mejor los efectos del calor extremo. En los últimos años se han registrado olas de calor históricas en la ciudad. Por ejemplo, el 26 de enero de 2019, la estación Quinta Normal de la Dirección Meteorológica de Chile alcanzó un récord de 38,3°C, mientras que la estación de Pudahuel........
