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Cuando la segmentación de mercado se convierte en una carga económica

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17.08.2026

Vivimos en un momento de la historia donde presumimos de medir todo con precisión. Sin embargo, hay costos que permanecen extrañamente invisibles y no figuran en las declaraciones de impuestos ni como una partida separada en una boleta de servicios. Estos costos, los encontramos, en la góndola de una farmacia, en la lista de precios de una peluquería o en la compra mensual de productos de higiene personal. A ese conjunto de sobreprecios se le suele llamar “impuesto rosa”.

El impuesto rosa no es un impuesto en el sentido legal. Es una expresión que se usa para describir diferencias de precios que afectan a bienes y servicios comercializados para mujeres. Pero es importante entender que no toda diferencia de precio es, por sí sola, evidencia de discriminación dado que un producto puede incorporar más material, diferente diseño, más tiempo de trabajo o incluso ingredientes distintos. Sin embargo, esta cautela no debe servir de excusa para ignorar un patrón económico algo más amplio aquel de los mercados que segmentan por género mientras que los consumidores tienen escasa capacidad de comparación y especialmente el caso de las necesidades biológicas que siguen siendo tratadas como decisiones de consumo ordinario.

Veamos algunas cifras. En el año 2015, en Estados Unidos, el Departamento de Asuntos del Consumidor de Nueva York, comparó 794 productos de 91 marcas, en 35 categorías, y concluyó que los bienes dirigidos a mujeres costaban, en promedio, 7% más que los equivalentes masculinos. La mayor diferencia en precios (13%) se encontró en productos de cuidado personal,........

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