Septiembre
Parque de Maria Luisa, Sevilla. / Reyes Gallegos
Nos gusta mirar las ramas en movimiento de los árboles. Los elementos naturales que brotan en la naturaleza y se descubren ante nuestros ojos. Contemplar sus irregularidades y colores cambiantes. Siluetas desviadas. Salvajes. Por pequeñas que sean, nos atraen las formas naturales. A veces nos generan tal estímulo que publicamos en las redes como algo exótico fotos de surcos de la arena, de muros de piedra, detalles de texturas, suelos terrizos, maderas gastadas... Fotos que hacemos normalmente en lugares y en momentos asociados al descanso, a la paz.
Hay estudios que confirman que, de manera innata, el cerebro necesita buscar esa conexión con la naturaleza, y que de la misma forma que el polvo de plástico que flota en el aire de las ciudades afecta negativamente a la salud humana, el contacto con materiales naturales como la madera, la piedra o la cerámica, bajan el estrés y, por tanto, mejoran la salud. Estos estudios sostienen que materiales como la piedra o el bambú generan bienestar emocional, o que texturas como el lino o el algodón nos dan calma y felicidad. No es casual que “el cuerpo nos pida” ir al campo o a la playa cuando nuestro organismo siente un nivel alto de cortisol. De hecho, algunos sitios turísticos atraen a los clientes con fotos publicitarias donde muestran estos materiales más tradicionales. O peor, los imitan.
Pero llega Septiembre y........
