Al borde del precipicio
Entra dentro de lo posible que, a la hora de leer estas líneas, un acuerdo de catorce puntos, escrito en apenas una página, haya puesto punto final -al menos, de momento- a la guerra entre Estados Unidos e Irán. Tampoco es descartable que continúen las escaramuzas a escala reducida y el estrecho permanezca cerrado o que nos adentremos en un escenario peor, con un recrudecimiento de las hostilidades. En los catorce puntos del hipotético acuerdo, el programa nuclear de Irán, con sus 400 kilos de uranio enriquecido al 60% con los que en un tiempo reducido podrían producirse al menos 10 bombas nucleares, queda al parecer sujeto a una posterior negociación. La supresión de este programa y la incautación del uranio enriquecido era y es el único argumento posible del presidente Trump para justificar la guerra y argumentar su victoria. Las guerras se ganan cuando un contendiente alcanza su objetivo primordial. Aunque Estados Unidos se lanzó a la contienda sin explicitar ni su por qué, ni su para qué, la solución del problema nuclear constituye un objetivo claro, entendible y detrás del cual podrían alinearse no sólo Israel, sino todos los países de la zona, temerosos de tener que lidiar con una potencia nuclear de la que les separa una estrecha lámina de agua y un océano de diferencias políticas y religiosas.
El bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ha supuesto la pérdida inmediata de cerca de 15 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos en un mercado mundial cuyo tamaño -excluidos biocombustibles- es de unos cien millones. Qatar, el tercer exportador mundial de gas natural licuado (GNL), con una cuota de mercado cercana al........
