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La Tierra seguirá siendo plana después de ver que es redonda

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12.04.2026

A la Luna hay que ir más veces. Diez días han estado merodeando selenitas los astronautas de la NASA, y no puede negarse que han sido los diez mejores días del año. Todo era bonito. Todo era pulcro. No había política y pudimos vernos desde fuera, a lo lejos, redonditos y achuchables. Las fotos gigantescas certificaban el globo terráqueo que teníamos de niños. La Luna parecía cemento seco mal rematado por el albañil de Dios. Había diversidad en la tripulación, pero nadie defendió ninguna causa fuera de comer Nutella y de mostrarse cursi. Lo mejor de la Humanidad lo resumían cuatro zumbados que volverían a la Tierra a 40.000 kilómetros por hora.

Nos cae bien la NASA porque gasta miles de millones de dólares en recordarnos que la Tierra es redonda. Además, no se mete con nadie. De todas las siglas imperiales, sólo la NASA no sufrirá nunca un atentado. El FBI o la CIA tienen mala fama; el ICE, peor. Hasta el acrónimo “USA” despierta odios transversales e irreparables. La NASA, sin embargo, es como ACME, la marca de martillos y explosivos de Bugs Bunny y de La pantera rosa. La misión Artemis II utiliza la nave Orion, una tartana intergaláctica. Le pusieron inodoro por primera vez y el inodoro casi arruina la misión entera. No funcionaba. ACME y la NASA forman parte del mismo universo narrativo.

La última vez que la NASA salió en portada de los periódicos fue en 1986, cuando el transbordador Challenger explotó antes nuestros ojos. La bola de fuego puso fin al sueño de muchos niños de ser astronauta, porque a veces acababas un poco mal. Luego Pedro Duque recuperó ese sueño, que consistía en vestir el traje naranja de astronauta, hacerse una foto y que al espacio exterior fueran otros. Ser astronauta no consiste en estar todo el rato en la Luna, sino en hacerle saber a la gente que a lo mejor vas.

Duque no fue a la Luna sino al espacio en general, donde no haces otra cosa que flotar y perseguir gotitas de agua con la boca abierta. Esto no interesaba a nadie y la NASA se pasó varias décadas haciendo cálculos y mandándose avioncitos de papel de una mesa a la otra. Muy triste.

Con la misión Artemis II hemos vuelto a las ligas mayores, al selfie planetario. 4000 millones de dólares ha costado esa foto de nosotros en el universo. Poco me parece, para lo guapos que salimos.

La misión ha servido para dar vidilla a los conspiranoicos. Mi conspiración favorita es que nunca se puso un pie en la Luna

Amén de para filosofar y para buscarnos en la superficie terráquea, la misión ha servido para dar vidilla a los conspiranoicos. Mi conspiración favorita es que nunca se puso un pie en la Luna, que fue todo un montaje y que además lo dirigió Kubrick. Estoy muy a favor de esta conspiración y, cuando me aburro, me la creo. Entonces leo todo lo que encuentro en la red a favor y en contra del alunizaje de 1969 y disfruto del mal de nuestro siglo: la realidad no existe, sólo existen las películas de Stanley Kubrick.

La sospecha de que era imposible ir a la Luna y pisotearla a finales de los años sesenta dio pie a uno de los mejores chistes científicos de todos los tiempos. Un experto afirmó que silenciar a miles de personas durante décadas para que no revelaran la falsedad del alunizaje requeriría tanto esfuerzo, energía y dinero que, de hecho, sería mucho más fácil poner a un hombre en la Luna que sostener esa mentira. Así que fuimos a la Luna por no saber mentir.

Artemis II se ha dedicado a mandarnos fotos de la Tierra para desacreditar a los terraplanistas. La teoría de la conspiración que dice que la Tierra es plana me interesa menos, pero es gracioso ver a sus partidarios analizar con lupa las nuevas imágenes redonditas del planeta y presuponer todo tipo de manipulaciones. Ciertamente, con la tecnología actual, podrían estar hechas con Inteligencia Artificial y un poco de velcro. La Luna misma, como decíamos más arriba, me ha parecido muy falsa en esas fotos, tan compacta y rugosa, tan de Cementos Gilsanz.

La Luna misma, como decíamos más arriba, me ha parecido muy falsa en esas fotos, tan compacta y rugosa, tan de Cementos Gilsanz

Lo que nos devuelve la NASA y su paseo intelegaláctico es la apoteosis. Todo es apoteósico. Dar una vuelta a la Luna y volver es apoteósico. No hacía falta un guion endiablado de Christopher Nolan con agujeros negros, viajes en el tiempo y lucecitas. Bastaba ir y volver. Es todo como de sacar a pasear al perro por la noche.

Los astronautas vieron antes de partir una película de astronautas. Esto me fascina. Qué detalle tan cuco que Hollywood les mandara un link privado a los viajeros estelares para que pudieran ver Proyecto Salvación con sus familias. En la cinta la nave espacial tiene interiores diseñados para ser feliz, lo que debió llamar la atención de los astronautas verdaderos, que prácticamente viajan en un carromato con celofán. La película sirve de promoción a Artemis II y Artemis II sirve de publicidad a Proyecto Salvación. Esto nos avisa de que el universo infinito no será en el futuro otra cosa que un nuevo soporte para anuncios.

La idea de ir a la Luna a echar un vistazo apunta a un siguiente paso donde volveremos por allí a poner ya los pies, y quizá algunas casas. Se flipan en la NASA con que luego iremos a Marte, y así tendremos planetas de repuesto por si la Tierra salta por los aires.

Si ya es difícil conseguir una entrada para el concierto de Rosalía, imagina un asiento en una nave espacial para ir a Marte mientras la Tierra se torna invivible.


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