Me duele Mallorca
Marco Antonio Robledo Camacho
Profesor Titular del Departamento de Economía de la Empresa de la UIB. Exdecano de la Facultad de Turismo
Turistas en es Caló des Moro. / B.RAMON / DMA
Este guiño a Unamuno traslada su lamento por España a nuestra propia herida. Las calles claman no solo por la saturación turística, sino por algo más dramático: mallorquines expulsados, jóvenes con el futuro en pausa y el deterioro de la calidad de vida de una isla convertida en parque temático. Pronto, las manifestaciones serán tradición local, junto a Sant Antoni o el Dijous Bo.
Las instituciones prefieren ponerse de perfil o, peor aún, pisar el acelerador en sentido contrario, como ese desatino de AENA de ampliar el aeropuerto. Si fuera malpensado, creería que pretenden ordeñar la vaca hasta que se agote.
Me duele Mallorca y me duelen otros destinos como París, ciudad en la que viví y que siento como mía. Notre Dame inaccesible, Montmartre desbordada, la Gioconda degradada a trofeo fotográfico entre cabezas. Y el colmo del esperpento, Shakespeare and Co., santuario donde de estudiante me refugiaba, rebajado a vulgar photocall donde se hace cola por un selfie. No es sólo masificación. Es consumo turístico descerebrado. Dudo mucho que esas hordas sean devotas de Joyce o de la Beat Generation. Sólo buscan el fui y lo vi.
Pero basta de lamentos. Pasemos de las pancartas a las medidas, que no pueden........
