Cosas de una Palma que todavía existe
Cosas de una Palma que todavía existe
Una mirada crítica y nostálgica a la ciudad, entre los problemas de convivencia, la memoria democrática, el surrealismo y el reconocimiento literario
La calle Andrea Doria parte de Son Alegre y divide, como un río, el barrio de Son Espanyolet del barrio de Son Armadams, en ascenso hacia Son Dureta y continuar. Antes de llamarse Andrea Doria, no se llamaba calle sino carretera. Era la carretera de Génova. Desde las obras del Passeig Marítim ya no es ni calle, ni carretera: es una vía de escape de la ciudad –y otra de entrada– de los pesos pesados rodados. O dicho de otra manera: es el Mar Rojo atravesado por las tropas del faraón Ramsés, menudo estruendo y cuán gran pifostio. Tales tropas no están formadas por carros, caballería e infantería bien armada, sino por un sinfín de autocares del TIB con sus llameantes colores encarnado y amarillo y sus potentes y acelerados motores, por no hablar de los camiones pesados. Uno no sabe cuántas líneas TIB la circulan –además de los necesarios autobuses de la EMT–, pero sí que van arriba y abajo sin parar con temblores dignos de una manada de cachalotes, cuando antes esto no sucedía ni en broma. No quiero ni imaginar cómo se debe vivir tanto ruido en los edificios que bordean Andrea Doria.
Los vecinos de Son Armadams y Son Espanyolet han empezado una campaña de firmas para pedir que baje la frecuencia de estos autocares o que vuelvan a ir por donde iban, pero mucho me temo que gran caso a esta demanda no se va a hacer. A lo mejor que estemos en período electoral puede lograr algo al respecto, pero el escepticismo es tan grande como la situación insufrible. Aunque siempre quede la pérdida de unos cuantos votos como castigo por tanto descuido de la convivencia.
Hace un mes escribí sobre la tarde de los muy primeros 70 que vimos llegar........
